jueves, 28 de abril de 2011

EL DEDO EN LA YAGA




La mesa de los domingos a la noche apela, como es costumbre en ese mundo de teóricos y de conferencistas, al cruce de sabidurías. El debate no es más que un lugar donde los panelistas, luego de trabajar cerca de 14 horas seguidas, se detienen a eliminar con relatos de los más profundos toda una líbido contenida en el día y destinada a la observación de los recorridos de la pelota. Es así: son periodistas deportivos, al final de la fecha de fútbol, que semana tras semana construyen un espacio de discusión que se ha vuelto famoso en el plantea de las redacciones.
Los temas varían. Pero la costumbre ha llevado a que el tema central de conversación sea el de sexo. Tiene una lógica: no sólo evade las discusiones sobre fútbol que después de tanto trabajo generan tortuosos fastidios, sino que permite armar un puente de contacto entre los más viejos y los más jóvenes de la sección (el más pibe tiene 19 años y el mayor pisa los 54).
No es un espacio común, claro está. Porque, en definitiva, la mesa de los domingos termina siendo una rueda de aprendizaje. “Hace tiempo, en marzo del año pasado, nos dimos cuenta que la conversaciones eran un eje central en nuestra identidad como grupo. Decidimos, entonces, tomarnos en serio la cosa para divertirnos y uno propuso que a partir de ese día se harían asignaciones para que uno de nosotros tuviera que contar una historia real que abriera el debate”, cuenta uno de los personajes centrales de las veladas nocturnas del fin de semana.
Este periodista, el último fin de semana, pidió permiso para que lo dejaran formar parte de una cena para hacer una nota. “Mientras no digas nuestros nombres, está todo bien”, respondió uno. “Es para que no se enteren nuestras esposas o esposos que relatamos algunas situaciones personales”, comentó otro.
El turno de este domingo, explotado de cansancio por el trabajo enorme que había generado la victoria de Boca sobre Huracán, le tocó a un muchacho de 23 años que arrancó su relato repleto de nervios. “Quiero aclararlo: dudé como nunca”, arrancó, despertando sorpresas en todos los sectores de la mesa. “Es algo que no me esperaba, pero sé que ustedes me van a poder explicar realmente cómo es y qué es lo que tengo que hacer”, dijo, atajándose del relato que venía.

“El tema es que estaba en mi casa con una compañera de la facultad (NdelR: seguramente sería la novia, pero los panelistas tienen derecho a no decir que son sus parejas quienes protagonizan las historias) y empezamos a besarnos. La cosa venía tranquila: yo había tomado unas cervezas antes así que sabía que con eso iba a evitar acabar rápido.  Ella también se notaba relajada. Nos empezamos a desvestir, quedamos desnudos completamente, y ella empezó a acariciarme las entrepiernas. Para mí, era una sensación única, la estaba pasando de maravilla, hasta que siguió moviendo sus dedos e introdujo uno en mi ano”. El silencio y los nervios llenaron las mejillas de este personaje. Se puso colorado y miró a todos de frente esperando a que alguien respondiera. Todos miraban, en definitiva, esperando un final que nunca existió.

-        ¿Esa es la historia? – preguntó uno de los personajes más viejos de la mesa.
-        Sí, yo le saqué la mano y le dije que estaba loca. Y quería preguntarles a ustedes si alguna vez les había pasado.
La mesa estalló de risas. El pibe de 23 años miraba como si no entendiera nada de lo que sucedía a sus alrededores. La vergüenza le dolía en el centro del corazón. Lo hacía traspirar. Hasta que el más grande, el que pisa los 54, le respondió: “Che, quedate tranquilo, eso es algo que hacemos todos. Está bárbaro. A mí me encanta. Cuando me hacen eso, queda hecho un toro, preparado para acostarme con 13 vacas seguidas”.
La mesa de los domingos siguió con la misma simpatía que siempre tiene en los caudales de sus conversaciones. El pibe de 23 años rápidamente se sumó a un debate sobre lencería fina color rojo. Todavía, no salía del asombro. Pero no era el único. Este joven cronista se quedó con la misma duda: no había escuchado nunca que una mujer le pudiera introducir un dedo en el ano a un hombre y que eso pudiera fascinarlo.

¿Ustedes lo habían escuchado?



EZEQUIEL SCHER





SEXO A LOS 80

La cultura relaciona al sexo con lo vigoroso, lo potente y por sobre todas las cosas, lo joven. Poco espacio genera el saber si esos adorables abuelos que juegan a la generala en un patio invernal sienten urgencias en sus genitales. Por suerte, a Capitan Orgasmo llegó Eduardo Martínez, un señor que a sus 81 años de edad no tiene problemas en afirmar: “Para mi hablar de sexo es como hablar de la vida”.
Con más de 8 décadas encima Eduardo no pierde las mañas, trabaja en el sector administrativo de una empresa de tecnología, sigue la campaña de su querido Boca Juniors pese a los recientes malos tragos que le dio el plantel y veranea religiosamente en su casita de Villa Gesell junto a Elva, la mujer con la que comparte su vida desde que tiene 15 años.
Estos rasgos nos ayudan a entender a un señor que no se cansa y mucho menos deja que la sociedad lo convensa de que no sirve para nada, cuando en realidad tiene mucho que dar. El sexo va por la misma línea y es un tema que el señor Martínez no tiene ningún problema en tratar.

- ¿Qué lugar tiene el sexo en su vida hoy?

- Honestamente, mucho. Me gusta practicarlo, hablarlo, inclusive te acepto que, cada tanto, si engancho alguna escena zafada en al tele la miro con entusiasmo. Es fue así hoy y siempre, desde que exploré mi sexualidad no tuve ningún tipo de remordimiento al respecto.

- ¿Siente que con el paso del tiempo el deseo disminuye o más bien, aumenta?

Ni disminuir, ni aumentar. Con el paso del tiempo uno va aprendiendo algunos trucos pero las ganas son las de siempre. Yo me sigo calentando como cuando era un pendejo y veía minas pasar por la cuadra de mi casa, hasta el día de hoy que veo a mi señora y me sigue causando lo mismo que desde que era un adolescente. Esas cosas no se pierden cuando son verdaderas.

- El día de hoy, ¿Cuánto tiempo le da al sexo en la semana?

- El mayor espacio posible. No tengo una rutina pero si puedo todos los días, bienvenido sea. Varia mucho según los ánimos en conjunto y los particulares de cada uno, fijate que 81 pirulos no vienen solos y 64 en pareja mucho menos.

- Con ese ritmo ¿Nunca sufrió una disfunción?

- Obviamente. Si sos viejo te cansás más rápido cuando trabajás, caminás y también cuando tenés sexo. Pero no por eso dejás de hacerlo, es una cuestión de saber que límites tiene uno y respetarlos. Tampoco es que la cosa murió, solamente hubo veces que no tuvo ganas (risas).

- ¿Probó Viagra?

- Me lo recomendaron y hasta lo llegué a hablar con mi médico. Juro que hasta el día de la fecha no. Es algo que tengo en mente para cuando el cuerpo me diga que no, pero por el momento no me hace ninguna falta.

- ¿Qué le gusta en la cama Eduardo?

- No soy muy rebuscado, es más, te diría que soy un romántico. No hay nada mas sensual que estar en bolas con la misma mujer durante años y besarle la nuca como si fuera la primera vez. Después de eso todo lo que pueda pasar en un dormitorio creo que me lo guardo para nosotros, pero no te creas que es muy diferente a lo que hacés vos o cualquiera.

- ¿Tuvo alguna fantasía en particular?¿La pudo cumplir?

- (varias risas) Si. Siempre quise hacerlo en la ruta y en una escapada que hicimos a Tándil con mi señora hace ya unos cuantos años atrás pudimos lograrlo. Es gracioso, por que uno siempre tuvo  ganas de hacerlo ¡Pero en el momento está totalmente cagado en las patas! Cálculo que eso forma parte de que sea una fantasía.

- Al hablar tan libre del tema ¿Siente que la sociedad tiene prejuicios?

- Me ha pasado en reuniones familiares que mis hijas me callen o se sonrojen cuando hablo del asunto delante de mis nietos. Pero la verdad que no entiendo por qué, el sexo es vida y es familia ¿Por qué no hablarlo libremente?

- ¿Lo han tildado con el horrible apodo “viejo verde”?

- No. Creo que hay una enorme diferencia entre ser un pasional con la sexualidad a andar espiando señoritas por ahí. No te voy a mentir, me gusta admirar la belleza de una chica pero no por eso le voy a andar diciendo guarangadas.

- Para cerrar, ¿Qué le recomienda a los jóvenes para que vivan una vida sexual plena?

- Que nunca dejen el tema de lado. Que lo discutan, lo realicen, lo experimenten, lo mejoren y nunca le tengan miedo. Eso si, nunca faltandolé el respeto a sus parejas. Después de eso en la cama no hay grandes consejos ni secretos. Es coger y nada más.


FACUNDO MICHAEL SOLER